Los bajau: el pueblo de superhumanos desarrollado genéticamente para “vivir” bajo el agua

Los bajau: el pueblo de superhumanos desarrollado genéticamente para “vivir” bajo el agua

¿Cuánto tiempo consigues contener la respiración bajo el agua? 90 segundos, tal vez dos minutos y poco más. Sin embargo, los bajau son capaces de sumergirse hasta 70 metros de profundidad y aguantar 13 minutos sin respirar. Como apunta un estudio publicado en la revista Cell, pueden encontrarse poblaciones singulares que demuestran que los humanos son los únicos mamíferos que han conseguido colonizar los entornos más extremos de la Tierra, desde las cadenas montañosas de gran altitud hasta las islas remotas del Pacífico. Y esto es algo que ha llamado la atención de los científicos que se preguntan qué los hace únicos en el mundo.

Por abc.es





Los bajau o ‘nómadas del mar’ pasan a diario más del 60% de su tiempo de trabajo bajo el agua, sin más equipamiento que unas gafas de madera y un juego de pesas que los lleva hasta el fondo, donde se mueven con gran agilidad. Según Herawati Sudoyo, genetista del Instituto Mochtar Riady de Nanotecnología (MRIN) que lleva a cabo un estudio genómico de esta población, se ha descubierto que la tribu bajau, conocida como «nómadas marinos», tiene una alta tolerancia a la hipoxia. Unas características que los convierte casi en superhumanos, mientras se vuelven uno con el agua.

Los que han visitado a los bajau describen que antes de la inmersión comienzan a respirar muy despacio, en un ejercicio de relajación que les ayuda a reducir su frecuencia cardíaca. Richard Moon, de la Facultad de Medicina de la Universidad de Duke, en Estados Unidos, que estudia la respuesta del cuerpo humano a altitudes y profundidades extremas, explica a ABC que hay algunos aspectos genéticos singulares en los bajau que pueden ser la clave de su buceo en apnea.

Vivir en el agua

Ya en el siglo XVI, el veneciano Antonio Pigafetta en su libro ‘Primo Viaggio Intorno al Globo Terracqueo’, que hablaba sobre la expedición de Fernando de Magallanes y Juan Sebastián Elcano, destacaba las capacidades de buceo de los bajau. No se sabe precisar a ciencia cierta cuándo desarrollaron esta capacidad. Sergio Roldán Muñoz, investigador predoctoral del CSIC del grupo de estudios sobre Asia y el Pacífico, indica a ABC que los bajau son una etnia del Sudeste Asiático incluidos en los grupos nómadas marítimos. Se encuentran en las aguas de Filipinas, Malasia e Indonesia y son más de un millón de personas que viven en casas flotantes o en aldeas costeras.

Aprenden a bucear con tan solo tres años. Durante siglos fueron mercaderes gracias a su movilidad, de ahí que también se les llamara ‘los gitanos del mar’. Dependían de la pesca y la venta de perlas que recogían buceando. Ahora subsisten recolectando marisco, peces o caparazones de tortuga. Su conocimiento del mar transmitido por los más ancianos es tal que se dice que es lo que permitió que todos los bajau se salvaran del tsunami de 2004. Un desastre que se cobró la vida de 260.000 personas.

«Los bajau han estado viviendo probablemente miles de años en botes, viajando de un lugar a otro en aguas del sudeste asiático, visitando ocasionalmente la tierra«, señala a ABC Melissa Llardo, investigadora antes perteneciente al Centro de Geogenética de la Universidad de Copenhague y ahora profesora de la Universidad de Utah. Fue una de las científicas implicadas en un estudio sobre el terreno de los bajau publicado en la revista Cell.

Añade que el pueblo bajau ha evolucionado de una manera que cambia su fisiología. Sus miembros tienen una adaptación evolutiva que les ayuda a bucear con seguridad y que se debe a que durante miles de años han vivido como cazadores-recolectores marinos, obteniendo casi todo lo que necesitan del mar.

Además, la ciencia explica que los buceadores en apnea se benefician de una reacción física llamada ‘reflejo de inmersión’ en la que los vasos sanguíneos se estrechan y el bazo se contrae. Y esto ayuda a reducir el consumo de oxígeno bajo el agua. De modo que una pieza clave puede ser el bazo de los bajau, un órgano que contribuye a reciclar los glóbulos rojos y mantener el sistema inmune.

Llardo partía en su espartía de diversas investigaciones que demostraron que los bazos de las focas, que son mamíferos marinos que al pasar mucho tiempo bajo el agua tienen un bazo de un tamaño desproporcionado. La idea era comprobar si pasaba lo mismo con los bajau.

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