Olvidadizos e ingratos por Gustavo Tovar-Arroyo @tovarr

Mirada al centro de nuestra propia ingratitud

Somos un país de ingratitudes y de olvidos, por eso no progresamos, por eso estamos estancados en desconocimientos y simulaciones, por eso nuestra frivolidad, nuestra impericia, nuestra falta de convicción. Somos ingratos y olvidadizos en todo, especialmente en la política. Pero también en la cultura, en el arte, en la educación, en el emprendimiento.

No sé si fue así antes del chavismo, no tengo memoria de tanta mezquindad ni de tan asombrosa rivalidad. Somos una sociedad que se desvanece en pendejadas, por eso estamos en ruinas. 

Todos, tú, yo, él, nosotros, Venezuela. Somos una ruina.

Mirada al centro de nuestra propia incredulidad

Quiero volver a creer, no hay nada en el mundo que quiera más –además de volver a pisar, andar, tocar, respirar mi país– que volver a creer en Venezuela, volver a creer en ti, volver a creer en mí como venezolano, en todos como nación, en “nosotros” como cultura, pero me cuesta, la ingratitud y el olvido nos devoran. Somos Saturnos venezolanos, devoramos a nuestros hijos.

¿Por qué no podemos reconocer valor donde valor hay? ¿Por qué no somos capaces de admitir y admirar nuestros esfuerzos? ¿Por qué coño olvidamos? ¿Por qué tanta ingratitud?

Piénsalo, tú eres parte de la misma devastación: no creer.

Mirada al centro de nuestro propio desconocimiento 

Te reto a que rehabilites en ti lo que más admiras de Venezuela. Piensa diez nombres –de este este tiempo– que merecen tu reconocimiento y homenaje. Yo tengo más de diez, tengo cientos, mucho de ellos son políticos, muchos de ellos luchan por ti y por mí, muchos de ellos se han dejado el pellejo por un ideal de libertad. ¿Quién eres tú –olvidadiza, ingrato– para negarlos?

Haciéndolo, negando valor donde lo hay, desconociendo esfuerzos, dejando de admirar el sacrificio de otros, te niegas a ti mismo, niegas a Venezuela, no eres nada. No somos nada.

Con tu ingratitud amamantas al chavismo. ¿Lo ves?

Mirada en el centro de nuestra propia frustración

Pareciera que estamos atrapados y sin salida, que la frustración y la decepción nos han petrificado, sí, que estamos paralizados, sin ánimo, arrellanados en nuestra propia miseria, sin saber qué hacer, a qué dirigente seguir, hacia dónde ir para alcanzar la libertad anhelada. No tenemos ninguna razón de ser en este momento, demasiados desengaños y contrariedades. 

Pues ese es el terreno en el cual nos derrota el chavismo: la frustración, la falta de esperanza. Por eso urge volver a creer, por eso obliga a recuperar el ánimo.

¿Estamos totalmente jodidos? No, no lo estamos.

Mirada en el centro de nuestro propio fracaso 

Aún quedamos muchos con memoria, muchos con gratitud, muchos con amor propio en esta ineludible pesadilla de fracasos, muchos que creemos que Venezuela es más futuro que pasado y luchamos por conseguirlo. Se avecina una hora última de guerra nacional, el chavismo la está forzando. ¿Nos dejaremos esclavizar y aplastar o nos liberaremos como sea?

Para lograr enfrentar el desafío que está en ciernes tenemos que volver a creer antes que nada, luego organizarnos y rebelarnos de manera masiva, a coñazo limpio si es necesario.

Si no creemos, si no confiamos en nuestra lucha, no resistiremos ni venceremos.

Mirada en el centro de nuestro propio futuro

La dirigencia debe entender que el tiempo se agota, las condiciones empeorarán y empeorarán si no actuamos de manera masiva y contundente contra el genocidio. Si no deseamos más ingratitud y más olvido debemos dar el resto, aunque fallemos. No hay más tiempo, hay que declararle la guerra a muerte –sí, a muerte– a los asesinos de Venezuela.

¿Qué es la “consulta popular”? ¿Un grito –a coro– de batalla? ¿El último aliento de valor de un pueblo desahuciado de fe? ¿El brinco definitivo hacia la libertad? Díganlo. 

Yo creo que sí, he decidido creer y luchar otra vez…, todas las veces que sea necesario.

La libertad es el destino, no hay otro…