Disfruta tu socialismo, no te quejes, ¡ahora te lo calas! por ArmandoMartini

Armando Martini Pietri @ArmandoMartini

No por mucho quejarnos nos liberaremos más temprano, como parte de la dirigencia antagonista viene comprobando con su blandura cooperante cohabitante, su amor por la parlanchitería, oídos prestos a charlatanes encubridores, oportunistas, bien hablados y mejor pagados; alardes -¡y hasta esperancitas!- de diálogos, acuerdos, elecciones fraudulentas. Contraparte a la cual muchos permanecen aferrados como titiriteros a contratos y poder desde hace ya veintiún años.

Recordar -reconocer, sería más acertado- el chavismo no llegó al poder por mandato divino -eso de que la voz del pueblo es voz de Dios no aparece en ningún versículo e intencionalidad del viejo ni del nuevo Testamento-; tampoco como resultado de una invasión de Estados Unidos, China o Rusia, mientras Cuba no tiene dinero ni ánimos, aunque le gustaría a rancios castristas recordar con melancolía, antiguas epopeyas desastrosas en África y Latinoamérica, de las cuales salieron pateados.

Chávez fue derrotado por las mismas fuerzas militares que le dan sustento al castro-madurismo. El comunismo cubano gana fortuna con petróleo, médicos aficionados, consejeros, espías militares, policiales y de represión, quienes felicitaron públicamente a Carlos Andrés Pérez por haber vencido dos veces a insurrectos chavistas que sólo atinaron -como continúan, pero con apoyo tribunalicio- a derramar sangre venezolana.

La revolución castrista fue electa con apoyo entusiasta de los que hoy padecen miseria, hambre, represión, enfermedades, abusos, corrupción, peores servicios públicos, y con la promoción apasionada de numerosos intelectuales y medios de comunicación en la actualidad silenciados, presos o fugados al exilio, algunos se presentan como héroes de una resistencia que sólo empezaron a practicar cuando escaparon buchones.

“Ése gran dedo de Chávez” que con tanto frenesí se alababa, aquél furibundo que derribó al índice del Almirante en la Plaza Venezuela señalaba “por allá es la vaina”, apuntaba hacia algo nebuloso, palabrero, mezcla de ranchera mexicana con milonga bonaerense, combinación disonante pero persistente de mambo Pérez Prado con joropo criollo.

Chávez desmanteló hasta lo más hondo la economía y bienestar, de los que no sólo le dieron mayoría electoral, ratificándolo como supremo autócrata. Más que oírlo, lo quisieron y hasta un despistado proclamó, de lo más sonriente, no fijarnos en leyendas dichas sino en las barbaridades que desde el principio hacía. Nunca fue creíble el chavismo socialista, es lo peor; ruina, trueque, escases, hiperinflación, desempleo, brujería, remedios y menjurjes, velas, velones, señales de humo y retumbe de tambores. Dadivas, limosnas y misiones. Ladrones, bolichicos, enchufados y cómplices.

Un buen amigo preguntaba ¿qué aprecia el chavismo popular en el socialismo?, se concluye -“tarde piaste, pajarito”, diría Luis Herrera. Cada día observan menos beneficios y más problemas, van descubriendo, infortunios, desgracias, padecimientos, carencias, que en socialismo sólo viven bien los dueños del poder mientras en capitalismo todos tienen oportunidad.

Señalaba, con pensamiento claro, lo que realmente existe es “una forma de actuar dentro de cada ideología”, es contra esa forma de proceder que se producen las sanciones. Igual al atracador, puede ganar fortuna a punta de pistola hasta que es sancionado con prisión.

Ni siquiera los más comprometidos revolucionarios socialistas viven ni quieren vivir con la ¿humildad o resignación? que promulga el socialismo, quieren hacerlo con los beneficios del capitalismo en cuentas bancarias y propiedades en el mundo -donde finalmente serán atrapados por ladrones-. No sienten angustia, hambre o abandono del pueblo que afirman, sólo en discursos y proclamas, defender.

Lo triste del socialismo castro-venezolano que inoculó Chávez, que Maduro maneja entre complicidades, programas de televisión y tronos sostenidos con fusiles hasta que los recursos disponibles dejen de circular, no nos fue impuesto. A los venezolanos los estafaron, engañaron y ellos apoyaron exaltados. Los pobres creyeron en mando, los ricos se confiaron mandarían.

Hoy sólo ordenan los del dinero mal habido, tracaleado, con armas que saben, al soltar, no tendrán futuro. Socialistas de la oportunidad a la cual se aferran porque han derribado cualquier salida. Son apasionados capitalistas ejerciendo disfrazados de socialistas, a plena conciencia que el socialismo es un desastre monumental con lenguaje de fábulas.

La mejor cura, comprobada histórica y mundialmente contra la fiebre comunista, contaminante de jóvenes en el mundo, es aprender a ganarse el dinero, disfrutando de la eficiencia en la competencia, entender que los bienes, servicios y buen dinero valen esfuerzo, estudio y hay que pagarlos, pero teniendo al mismo tiempo las oportunidades para ganarlo. En capitalismo los ciudadanos deben encargarse y logran mucho, en socialismo el Estado se encarga y no resuelve, sólo conoce de errar, destruir.

No todo capitalista es rico, pero todos generan crecimiento. No todo socialista es ladrón y capitalista disfrazado, pero generan picardía, engaño y desgracia. En Venezuela hemos tenido problemas a través de las dictaduras militares y democracias civiles, pero jamás la devastación alcanzada por esta especie de pranato político y persistente embuste ideológico que es el castrismo venezolano.

El que la mayoría venezolana eligió y ahora tiene que aguantarse.

@ArmandoMartini