Los Runrunes de Nelson Bocaranda

Los Runrunes de Nelson Bocaranda

ALTO PDVSA ENTRE DOS GENERALES: 1976/2020
Podría titularse “Auge y caída”. Resumo la historia de nuestra petrolera en estos 44 años con su comienzo en 1976 con el probo, preparado y exitoso general Rafael Alfonzo Ravard, y con su deteriorada y disminuida capacidad de producción y de probidad administrativa -cerrando estos 20 años de retroceso- con el despido del general Manuel Quevedo de su presidencia.

Sus palabras demuestran el acostumbrado caradurismo rojo rojito cuando, tras el fracaso de su gestión, presentó esta cacareada y risible excusa: «Nos tocó ir al frente de una guerra de última generación para desmantelar la economía nacional dirigida por Estados Unidos. Pdvsa es la obsesión imperial, en su intento por destruir el sueño bolivariano». Sorprende, sí, que diga esto quien tiene a su familia viviendo precisamente en ese “imperio”.





Recordemos (para que no se nos olvide en un régimen que vende y usa “fake” historias y “fake” cifras para todo) que luego de varios años trabajando en el proyecto para la nacionalización de la industria petrolera, con un equipo de expertos y profesionales en la materia, el 1 de enero de 1976 la bandera venezolana fue izada en el pozo Zumaque 1 y el general Alfonzo Ravard, avalado por años de exitosa gestión al servicio de la administración pública, es nombrado por el presidente Carlos Andrés Pérez como el primer presidente de la flamante empresa petrolera Petróleos de Venezuela, S.A. (PDVSA).

Apoyado en un excelente equipo gerencial, Alfonzo Ravard logró llevar a PDVSA a ser, durante varios años, una de las cinco corporaciones petroleras más importantes del mundo, convirtiéndola en una empresa respetada por todo el sector político venezolano, como principal generadora de ingresos para el país. Me tocó a mí, trabajando en Nueva York, el convocar a la prensa global para presenciar vía satélite el izamiento de la bandera de Venezuela en ese histórico pozo petrolero.

La diferencia entre el general Alfonzo Ravard y sus pares militares de hoy en el gobierno es abismal. Entre 1965 y 1974 Alfonzo Ravard ejerce, simultáneamente con la presidencia de EDELCA, la vicepresidencia de Aluminios del Caroní (Alcasa). En 1973 asume además la presidencia de Venalum, es decir todas las empresas tuteladas por la CVG. En 1963 se pone en marcha el proyecto hidroeléctrico Guri, en su momento el de mayor capacidad en el mundo y una de las obras de ingeniería más colosales ejecutadas en la historia de Venezuela.

Mientras tanto y de manera infatigable, Alfonzo Ravard trazaba nuevos horizontes con proyectos de desarrollo agropecuario para proveer productos agroindustriales a la zona; en 1969 llevó adelante el proyecto de arborización de Uverito, al sur del estado Monagas, donde se realizó con éxito la siembra de 26 millones de ejemplares de pino Caribe.

Ciudad Guayana y todo ese territorio bolivarense le deben su fundación y crecimiento industrial. De allí que por ese respeto y probidad (lo que hay que repetir varias veces) este militar logró ser exitoso en todas las funciones asignadas. Su visión de futuro, quizás una de sus virtudes principales, la razón más preponderante en este militar ejemplar y decisivo en el desarrollo de CVF, CVG, EDELCA y PDVSA. Fue presidente de la petrolera entre 1976 y 1983.

GASOLINA CON FECHA: 7 DE ABRIL 2002
De la utopía de la “Venezuela potencia” a la realidad de la “Venezuela empobrecida.” Una frase que sintetiza el drama e inmenso dolor que se siente al ver el padecimiento y maltrato que recibe el venezolano de a pie por la falta de un bien que hasta hace pocos años le era abundante, seguro y de calidad: la gasolina.

El combustible necesario para movilizarnos no es un lujo. Lo requieren los agricultores para sacar sus cosechas y alimentar a todo el país; para que maestros y alumnos lleguen a sus centros de enseñanza; para que miles de empresarios mantengan puestos de trabajo con calidad y a largo plazo. Turismo, cultura, salud, ocio, seguridad, todos los sectores tienen un indispensable componente energético. Todos lo han perdido.

Para el 7 de abril del 2002 Venezuela mostraba uno de los esquemas más modernos y eficientes del mundo para procesar crudo y generar gasolina.

Abastecíamos nuestras necesidades internas y, además, exportábamos. Nuestras estaciones de gasolina eran limpias, surtidas, eficientes, ofrecían servicios al conductor. Nicolás Maduro dispone de información dura, comprobable, de cómo toda esa realidad se transformó desde aquella fecha hasta el presente en todo lo contrario: ruina, escasez, improvisación, desabastecimiento, corrupción.

Pero ante el padecimiento que actualmente viven todos los hogares venezolanos Maduro no va solo como protagonista responsable. Él fue y es el heredero obligado -el escogido por La Habana- para suceder al difunto Hugo Chávez Frías y con quien, ahora como pareja, entra en esta lamentable etapa de nuestra historia. Una innecesaria y dolorosa historia.

No en vano la fecha arriba señalada: el 7 de abril del 2002. Fue ese día en que el difunto Chávez Frías, en cadena nacional, con un pito en la mano, sin ninguna visión estratégica nacional ni global y conduciendo su Aló presidente número 101, destituyó arbitrariamente al cuerpo de expertos y especialistas que conducían nuestra industria petrolera. Fue una trasmisión no solo inconstitucional y dañina, también vejatoria, humillante, demostrando sobrada arrogancia sobre un tema y una industria sobre lo que poco o nada sabía o comprendía.

Así lo dijo: “Yo no tengo problemas de rasparlos a todos, a toditos, si a todos hay que rasparlos”. Ese 7 de abril del 2002 el difunto se mostró convencido de sus abstracciones ideológicas y megalomanías, para que hoy su sucesor lleve a Venezuela a producir menos de 700.000 barriles diarios de petróleo (el nivel de nuestra industria para el año 1945, es decir, ¡65 años atrás!) y bastante menos de 100.000 barriles diarios de gasolina. Para aquel año, recordemos, Venezuela producía cerca de 2,5 millones de barriles diarios de petróleo y más de 1 millón de barriles diarios de gasolina.

Luego de 18 años, hoy desde Miraflores se mantiene la orden de abastecer ininterrumpidamente con nuestro petróleo al régimen de Cuba, y la crisis de no tener gasolina hace presencia brutal en Caracas y alcanza niveles nunca antes conocidos en el resto del país. Vemos cómo hasta los miembros de los cuerpos policiales y ambulancias quedan varados en la vía por falta de combustible.

El mercado negro de gasolina ya entró en la agenda cotidiana, mostrándose a la vista y protección de miembros de la Fuerzas Armadas (un experto nos explica que un mercado negro de combustibles solo es posible ¡si cuenta con el tutelaje de los cuerpos de seguridad de ese país!). Dios quiera que quienes están en capacidad de entrar y salir de Miraflores en estos días logren la difícil tarea de hacerle entender a su inquilino que con gasolina no se juega, porque es combustible, se prende y quema.

BAJO EL BEATO NO ES ROJO
Desde aquella visita de Nicolás Maduro al papa Francisco en 2013 en la que entregó a Su Santidad una pequeña imagen del Venerable José Gregorio Hernández (también un retrato del “zambo” Simón Bolívar ya deshonrados sus huesos y ya su imagen mezclada en su parecido con Chávez) el régimen venezolano ha querido apropiarse de la causa del trujillano. Con fines políticos siempre, Maduro y su combo mirafloriano han hurgado, intervenido, celebrado, anunciado y manipulado el tema del médico milagroso.

Desde meses recientes Maduro ha afirmado varias veces que él es “cristiano de Cristo” (¿?). Tras bastidores colabora y articula el sacerdote jesuita Numa Molina, enfrentado a las autoridades de la Iglesia venezolana desde un viejo reconcomio. Es el párroco de la iglesia de San Francisco y está al frente de una ONG del gobierno. Ahora quieren usar el hecho del reconocimiento oficial por el Vaticano del primer milagro para montarse en la ola y sacarle provecho para el Gobierno.

La Iglesia venezolana ha estado alerta ante tales apetencias y más ahora tras la reciente decisión vaticana. Me entero de que la Santa Sede, apenas se apruebe la beatificación, dará control absoluto de la liturgia a seguir a la Iglesia venezolana, cuyos obispos tomarán la mejor decisión en cuanto a fecha y celebraciones.

¿Y si nuestra iglesia decide esperar para convocar a esa espiritualidad nacional -(celebratoria del reconocimiento del “médico de los pobres” camino a su santidad)- para cuando estemos en democracia y no en esta dictadura que hambrea y persigue? Tienen los obispos venezolanos la autoridad conferida desde Roma para buscar esa mejor fecha.

En medio de esta pandemia -que siguió y aumentó el caos ya existente en el país en materia de salud desde que asumió Nicolás- no pareciera el momento propicio para festejar, convocarse, reunirse o celebrar al “doctor Hernández”. Menos permitir que sea utilizado con fines proselitistas rojos rojitos -que ya se notan- cuando en el video oficial, Ruta del Venerable José Gregorio Hernández, ponen ese año 2013 como si fuera el inicio de la causa y que además fuera presentada por Maduro al entregarle una estatuilla al Papa.

La verdadera presentación al Vaticano, a la Causa de los Santos, fue el pasado 18 de enero de 2019 cuando el cardenal Baltazar Porras se apersonó en el Vaticano con la doctora Silvia Correale, postuladora en Roma de la “Causa de JGH”, y el padre Gerardino Barracchini, párroco de la iglesia de La Candelaria, llevando las pruebas del milagro, hoy reconocido, ante la Congregación de la Causa de los Santos.

Recordemos que dicho milagro –la curación de la niña Yaxury Solórzano– fue revisado por la Comisión Teológica, conformada por siete expertos, y tras ello fue el anuncio desde el Vaticano.

FUE ESCRITO AQUÍ
El pasado 13 de diciembre de 2019 en esta columna escribí: “Hace mes y medio que Nicolás Maduro anunció reparar y ayudar las iglesias. No solo los templos católicos sino también los evangélicos. Ya hay algunos alcaldes chavistas y otros voceros del gobierno que están ayudando a restaurar muchos templos en todo el país. Como el régimen no da puntada sin dedal, ese acercamiento sería indicativo de querer aparecer al lado de la Iglesia católica previendo que vengan noticias favorables en torno a la figura del Venerable José Gregorio Hernández Cisneros. Maduro quiere que ese hecho lo salpique y le sirva para decirle al mundo que aquí hay paz, respeto, tolerancia y religiosidad. Por ello la coincidencia de que a quien encargaron de esa misión con las iglesias es al capitán José Gregorio Vielma Mora. ¿Coincidencia en sus nombres o selección cuidadosa? Lo consideran un hombre de apertura, de diálogo, gerente y cordial. No nos extrañe ver acercamientos con la Iglesia si ese proceso avanza pues les conviene la vinculación con el mencionado caso” (fin de la cita).

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