La otra latitud política del coronavirus, por Luis Barragán

Luis Barragán @LuisBarraganJ

Supusimos la cuarentena, sesentena u ochentena, apta para toda la reflexión escrita pendiente, pero – condicionada y desconfiada – la impide la supervivencia sanitaria en casa, faltando el agua y, en buena parte del país, el flujo eléctrico; esto, por no citar las constantes diligencias por los alimentos, medicamentos y detergentes, siendo tan precarias las comunicaciones. Apenas, por escasas horas nocturnas, removemos papeles y libros, intentando legitimar el receso forzado por un tiempo ya interesadamente indeterminado, sabiendo la cuarentena un término propiamente médico y sanitario con independencia de sus cuantías.

Un vistazo a la prensa internacional, nos impone de la campaña de un marxismo que pretende salir ileso de la pandemia, a propósito de lo que libremente se informa en los países afectados en contraste de otros que celan el secreto de sus tragedias. En unos, se airea el conflicto entre la cesión de los derechos personales y ciudadanos y las aspiraciones a una extrema seguridad, mientras que, para otros, bastará con citar el testimonio desesperado de Carolina Cox en la Cuba que exporta a algunos legionarios de la medicina con fines propagandísticos. Al respecto, agreguemos, hay una insostenible prédica moral que permite traer a colación a Ludwig von Mises y su “Socialismo: análisis económico y sociológico”, manifestando que “el hombre no es malo, sin embargo, porque busque el placer y evite el dolor, esto es, porque quiera vivir”, con la pretensión socialista de reemplazar la moral de las sociedades abiertas a favor de la abnegación, el renunciamiento y el sacrificio de sí mismo, como un valor per se y cuya exclusividad, añadimos, tan fariseamente reclama (WBF, Buenos Aires, 1968: 469); por cierto, la sola y consabida fiesta de Los Roques, ilustra la realidad que padecemos bajo el actual régimen venezolano.

Aparentemente efímero, el reciente debate entre Slavoj Žižek y Byung-Chul Han, en torno al colapso o la reivindicación del capitalismo, siendo tan obscura la pretendida alternativa, le concede otra latitud política a los tiempos del coronavirus. De obscuridades sabemos de sobra en este rincón del mundo, pero, a pesar de todas las muy elocuentes evidencias, Anne Applebaum reportó el testimonio de Hans Modrow, uno de los líderes comunistas provenientes de la Alemania Oriental, quien cifró sus mejores esperanzas en el llamado socialismo bolivariano (https://www.anneapplebaum.com/2020/02/27/venezuela-is-the-eerie-endgame-of-modern-politics).

La Cuba entristecida que retrata Abraham Jiménez Enoa (https://gatopardo.com/opinion/desde-el-malecon/la-mayoria-de-los-cubanos-no-pueden-darse-el-lujo-de-quedarse-en-casa-coronavirus-cuba/?fbclid=IwAR0KWzQb2ZPaNeGQej499Dwp5r4koGDnQndYyjjubSVuAi5ei-PrCB2EwJc), otro ejemplo, marca un rumbo que ya transitamos acá. Applebaum, en febrero próximo pasado, se aproximó con sobriedad y eficacia a la situación venezolana (https://www.anneapplebaum.com/2020/02/27/venezuela-is-the-eerie-endgame-of-modern-politics), aunque dijo hallar una polarización que, a nuestro juicio, no la hay ante un régimen contundentemente rechazado por las grandes mayorías condenadas al hambre, como hizo Stalin con Ucrania.

Refería von Mises, el socialismo “no saca su fuerza de una necesidad interna del pensamiento político científico moderno, sino de la voluntad política de una época favorable al misticismo y al romanticismo” (ídem: 52), observación que había reiterado Jacques Maritain en varios de sus títulos. Empero, huérfano de alguna mística y sensibilidad, a falta del adecuado soporte teórico, aspira a (pre) fabricarlos en los tiempos mismos de una pandemia que se dice ajena – siendo la peor – a toda dimensión ética, ideológica y política.