José Luis Méndez La Fuente: La “chavetización” de España

Cuando a finales del año 2013 escribimos un artículo titulado La cubanización de Venezuela, nunca se nos pasó por la cabeza la posibilidad de que algo similar pudiese suceder en algún otro país, no al menos de manera intencionada y, si se quiere, planificada. En aquella oportunidad nos referíamos a lo que, después de catorce largos años de gobierno de Hugo Chávez, se veía venir como si fuese el final de una película ya sin misterio alguno: la conversión de Venezuela en una segunda Cuba.

Durante toda esa larga década Chávez supo transmitir a sus seguidores, mediante un discurso al principio muy disimulado, la confianza y el convencimiento necesarios como para ir dando a conocer su afinidad con el socialismo cubano e ir cocinando a fuego lento, sin necesidad de meter el acelerador a fondo, decíamos en aquel artículo, a la sociedad venezolana “en su propia salsa”, con la receta que le dieron en La Habana, sin que la mayoría de sus integrantes se percatasen de lo que estaba sucediendo o; lo que es peor, “con la misma conciencia del sapito que se estaba bañando en una olla de agua tibia, sin percatarse, hasta que se quema, de que el agua estaba hirviendo”.

Mientras eso ocurría, Chávez supo, igualmente, ocuparse de la oposición política poniéndola en cuarentena sin necesidad de “coronavirus” alguno. Para ello, solo tuvo que culpar a los cuarenta años anteriores de gobiernos adeco-copeyanos de todo lo malo que sucedía o dejaba de suceder en tiempos de revolución, sin necesidad de reconocer falla alguna de su parte. Adicionalmente y no menos importante, fue su estrategia muy bien estudiada de poner constantemente sobre la mesa una agenda política propia, capaz de suscitar efervescencia entre sus opositores y colocarlos, al mismo tiempo, a remolque de sus iniciativas anunciadas públicamente en algún “Aló presidente” o en cualquier otro espacio, a veces, inesperado. De ese modo, logró que sus adversarios quedasen generalmente descolgados y siempre a la zaga; razón por la cual llegamos alguna vez a escribir que Chávez encarnaba no solo al gobierno sino también a la oposición.

En España, los venezolanos han comenzado a vislumbrar cierto parecido desde que Sánchez llegó al poder, en detalles como el argumento del “bloqueo” de la derecha, a su investidura, primero, y a su gobierno después; las peroratas proselitistas con un estilo indefinido, entre el “Aló presidente” de Chávez y los “fireside chats” de Roosevelt; la censura a la prensa para preguntar libremente; la inculpación al Partido Popular y a su pasado o, simplemente, a la derecha, de todo lo que sale mal o no puede hacer; pero, sobre todo, el relato prefabricado para convencer a los españoles de la verdad de su gobierno y de las mentiras de la oposición. El abanico de opciones aquí, es aún más amplio que el venezolano reducido a derechas e izquierdas o a revolucionarios y escuálidos, porque además del capitalismo y burguesía tradicionales, existe un espectro franquista, expansible al fascismo y a la monarquía, temas de vieja data fáciles de explotar a través de conceptos como el de la memoria o conciencia histórica, el de la extrema derecha o la lucha de clases, flama por cierto inextinguible.

Hasta podemos encontrar una cierta similitud, por forzado que pueda parecer, en esa entrega que el chavismo hizo a Fidel de Venezuela, con la que el gobierno de Sánchez ha venido realizando, poco a poco, de España a algunos gobiernos autonómicos como el catalán o el vasco, no obstante, que la diferencia de miras, no de consecuencias, sea en principio distinta. En el primer caso, esa hermandad que Chávez se esforzó en forjar entre Cuba y Venezuela hasta el punto de llegar a proclamar que eran una misma nación, cuyos gobiernos en el fondo eran uno solo, buscaba según el propio líder de la revolución bolivariana, caminar hacia una “confederación de repúblicas bolivarianas, martianas, caribeñas y suramericanas”. Por el contrario, el deslave nacional con el que Pedro Sánchez viene jugando, cediendo terreno al separatismo, conduce a todo lo contrario, es decir, a la ruptura de la gobernabilidad de la nación española y a la desaparición de la España conocida hasta ahora. No se diga nada de la relación del chavismo con grupos extremistas como la guerrilla colombiana o de la del gobierno progresista de Sánchez con los partidos proetarras

Ni con la actual crisis que el “coronavirus 19” ha creado, colocando a España a la cabeza, junto con Italia, de la mayor mortalidad de Europa y del mundo, el gobierno de Sánchez da muestras de humildad reconociendo haberse equivocado alguna vez, como tampoco lo hizo Chávez, no obstante la incompetencia demostrada coordinando bajo el “Estado de alarma” las gobiernos regionales, pero sobre todo, administrando los recursos técnicos y materiales de que toda nación dispone, en mayor o menor medida, a la hora de establecer estrategias y políticas con las cuales atacar la pandemia junto con sus terribles consecuencias sanitarias, económicas y sociales.

Pero lo que más recuerda a Chávez, es el discurso manipulador de un “chavista” como Pablo Iglesias, a quien Sánchez ha dejado parte del trabajo sucio, estableciendo diferencias inconducentes entre la cosa pública y la privada, en momentos en que la sociedad española necesita del aporte de todos sus integrantes. Lo mismo que lo es su “interpretación” de la constitución española con respecto al interés general o función social que debe cumplir la propiedad privada, más allá de las amenazas de expropiación que en el caso de Chávez si se cumplieron, a pesar de tratarse, en realidad, de auténticas confiscaciones o incautaciones al sector privado, al no reconocerse indemnización alguna en la mayoría de los casos.

¡Ojo! No estamos afirmando, con todo lo expuesto, que Pedro Sánchez es Chávez, o que su gobierno es como el de Chávez y que por ende la España de hoy se encuentra “chavetizada” o en un estadio político idéntico al de la Venezuela de la primera década de este siglo. ¡No! Lo único que estamos diciendo es que, por ahora, tienen estilos y maneras que coinciden y los asemejan mucho.

@xlmlf